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viernes, 23 de noviembre de 2012

140 caracteres




En 1986 es muy probable que Diego Armando Maradona pudiera ser elegido Presidente de Argentina.  Diez años después en el mismo país Gilda se convertiría en Santa. “Gilda sigue viva en algún rincón del infinito, envuelta en su vestido azul y bajo un aura de flores” dicen sus fieles. Recordemos que a Elba Quintana ésta “santa” la curó de un fibroma, justo una semana antes de operarse.

Alfredo  Stroessner a los 36 años se convirtió en el General  más joven de Sudamérica, a los 77 años sería el segundo gobernante con más tiempo en el poder de un país americano. Solo Fidel Castro pudo superarlo. Ambos, de ideologías tan distintas, usaban el mismo método, la famosa “trilogía” de Stroessner. Parecería que es muy sencillo ser reelegido “presidente”  cuando se es candidato único.

Uruguay posee los dos partidos más antiguos de Sudamérica, algo que nos hace similares a los EEUU y al Reino Unido. Sin embargo en los 60 y hoy se puede escuchar el mismo susurro “el fin justifica los medios”. Cambio Val

Declaraciones que hemos comentado antes, de primeras figuras del partido de gobierno, apuntan en esa dirección. Para ser Presidente no es necesario hablar ni vestirse bien. Las investiduras son de “burgueses” como lo era en los años oscuros. Las fuerzas armadas tienen que ser fieles a un “modelo” político como en el Paraguay de Stroessner y la Cuba de Fidel y Raúl Castro. Cambio Varlix

Las mayorías que posee este gobierno en el Parlamento hacen imposible la censura a un Ministro y la búsqueda  de acuerdos está desapareciendo. La oposición parece cada día más estéril. Surgen sectores de “derecha” y de “izquierda” que alientan a no votar a los partidos fundacionales. Uno de cada tres uruguayos no se siente representado por un partido político. Eduardo Maiorano

Pareciera que el dialogo político se ha reducido a 140 caracteres que pasan de un teléfono a otro.

Hace unos meses un legislador me decía: “Hoy lo importante es llegar a la gente  y no tanto el contenido”, al ver mi rostro agregó “lamentablemente”. Oro

¿Será que los gobiernos que fomentan el descreimiento de los políticos y los partidos tienden a parecerse?, independientemente de su ideología. Scapussio Corrupción

Con cariño para Rosario Marcelli

viernes, 19 de octubre de 2012

¿Quien nos lee?



Inspiran estas líneas el hecho de ver la degradación de las libertades ciudadanas.  Hoy al presidente de mi país lo condecoraron con un Doctorado Honoris Causa en la misma Universidad donde condecoraron a Evo Morales y a Hugo Chávez. De la afinidad ideológica mucho se ha hablado. Pero quiero detenerme en las libertades ciudadanas:

Un medio local, ya sea escrito, radio o tv, a la hora de pasar información sobre violencia, tiene que pensarlo mucho. Los grandes sponsors de este país son las empresas estatales. El gobierno central decide a quién le da publicidad y a quién no. Históricamente esto se ha usado para cerrar medios especialmente escritos.

Ahora, ¿qué pasa en las redes sociales? Hemos visto como personas que son acosadas vía mail pueden hacer una denuncia en delitos informáticos e inmediatamente saber de dónde vino dicha amenaza. ¿Quién  controla esa información?, o mejor dicho, ¿quién controla TODA la información  de las redes sociales?
 
Soy usuario de Facebook, no tengo mucha actividad pero si me informo de cosas que pasan en mi país y en el mundo. Últimamente he leído como algunas personas se quejan de “hackeos”,” pishing” y bloqueo de sus cuentas. Una mujer termino en Inteligencia por haber escrito en contra de un jerarca del gobierno. ¿Cómo es posible?

No me preocupa que haya usuarios truchos capaces de “molestar” a alguien, de hecho en Argentina eso se hace y se cobra; el estado argentino es gran consumidor de esos servicios. Me molesta que organizaciones que se crearon para protegernos estén monitoreando lo que escribimos, lo cual viola la libertad de expresión.

No creo que el pueblo deba  acostumbrarse a que se le cuarten sus libertades. Tener un presidente que habla mal de los políticos hoy, como lo hizo en los años 60 y un ministro que insulta cuando le hablan de pedir perdón por sus muertes, son cosas graves. Si nos acostumbramos a que lo político pese más que lo institucional y que se nos censure por pensar distinto, entonces no estaremos en una democracia.