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martes, 29 de noviembre de 2016

¿Quién convirtió en comunista al líder cubano Fidel Castro?



"El pueblo de Cuba sabe que el gobierno revolucionario no es comunista".
Lo dijo nada menos que Fidel Castro Ruz el 19 de abril de 1959, cuando la "Revolución" Cubana apenas daba sus primeros pasos.

El entonces primer ministro cubano, fallecido el 25 de noviembre a la edad de 90 años, renegaba en ese tiempo de la "campaña" para vincular al naciente gobierno con el comunismo.

"Nuestra Revolución es tan cubana como nuestras palmas. (...) Y toda esta campaña de `comunista`, campaña falsa, campaña canallesca, que ni nos preocupa, ni nos asusta", remató Castro en un discurso realizado en Washington D.C., donde se encontraba de visita oficial.

¿Cómo es posible que el hombre que rechazó tan vehementemente su filiación comunista en 1959 terminó convertido en el ícono socialista más importante de América Latina?
¿Fidel Castro cambió su orientación ideológica? ¿Cuándo? ¿Quién fue el responsable?

Puede ser una afirmación temeraria, pero los hechos parecen confirmarlo.
Estados Unidos orilló a Fidel Castro a refugiarse en la órbita soviética y abrazar al socialismo como horizonte de la Revolución Cubana.

Así lo señalan historiadores y estudiosos del castrismo como la investigadora Evilin Ling, de la prestigiosa Universidad de Lund en Suecia. "Lo decisivo en el acercamiento a la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) y la proclamación de la revolución como marxista-leninista fue por necesidad, ya que Estados Unidos intentó impedir la independencia económica (de Cuba)", señala Ling. "Como Fidel Castro era el único en condiciones de realizar tal cambio, pasó que él simultáneamente se declaró comunista y convirtió a la Revolución en comunista", señaló la académica en su ensayo "Un estudio sobre el por qué del cambio al comunismo en la Revolución Cubana".

El mismo comandante guerrillero reconocería en 1985 que Estados Unidos precipitó que la Revolución Cubana realice un giro abrupto del nacionalismo hacia el socialismo.
"Las agresiones del imperialismo aceleraron el proceso revolucionario", le dijo Castro al fraile brasileño Frei Betto en una entrevista que sería la base del libro "Fidel y la Religión". Castro señala que la estrategia inicial era distinta y que el programa de la primera etapa de la Revolución buscaba la "independencia nacional" a través de "reformas sociales avanzadas".

En "La historia me absolverá", el alegato del joven Castro posterior al fallido asalto al Cuartel Moncada, el 26 de julio 1953, no se mencionan una sola vez las palabras socialismo, comunismo, marxismo o leninismo.

Fidel en cambio hace una vehemente defensa de la necesidad de una reforma agraria y el nacionalismo cubano.

Varios autores señalan que fue recién después de su salida de prisión, en 1955 gracias a una amnistía general en la isla, que Castro se aproximó a los textos clásicos del marxismo.

Ya en México, en 1956, mientras organizaba a su ejército guerrillero conocería a otro hombre que quedaría en lo más alto de la iconografía socialista latinoamericana: Ernesto "Che" Guevara.
Castro le diría a Frei Betto que, mientras estudiaba Derecho en la Universidad de La Habana, fue cuando se empapó de las ideas de Karl Marx, Frederic Engels y Vladimir Ilich Uliánov, también conocido como Lenin, entre otros pensadores revolucionarios
.Sin embargo aquello no se vio reflejado en ninguno de sus discursos y escritos antes y durante la campaña de la Sierra Maestra.

Los representantes de la Unión Soviética intentaron seducir a Castro incluso antes del triunfo de la Revolución. Cuando el ingreso de los "barbudos" a La Habana cumplía apenas su primer año, el ministro soviético Anastás Mikoyán realizó la primera visita oficial de un representante de la URSS a la isla.

Mikoyán viabilizó acuerdos comerciales para intercambiar azúcar cubano por petróleo ruso, además de gestionar un crédito millonario para ayudar a la maltrecha economía cubana.

Los soviéticos verían los frutos de su trabajo un año después, paradójicamente gracias a un torpe movimiento de su máximo adversario ideológico y político: Estados Unidos.

El 16 de abril de 1961, Fidel Castro declaró por primera vez el carácter socialista del proceso cubano, después del entierro de las primeras víctimas de la invasión de Bahía de Cochinos. "Eso es lo que no pueden perdonarnos, que estemos ahí en sus narices ¡y que hayamos hecho una Revolución socialista en las propias narices de Estados Unidos!", dijo aquella vez frente al cementerio Colón de La Habana.

La fallida ofensiva para frenar al castrismo fue protagonizada por exiliados cubanos y contó con el apoyo de Estados Unidos.

"Es posible creer que Fidel Castro inicialmente pensaba que Estados Unidos iba a respetar que Cuba quisiera hacer de sí misma un Estado soberano e independiente y que fue cuando entendió que no iba a ser así que se inclinó, por necesidad, hacia la Unión Soviética", señala la investigadora Ling.

¡Fidel, Jruschov, estamos con los dos!

El 22 de diciembre de 1961, en la emblemática Plaza de la Revolución y frente al Memorial José Martí, Fidel Castro pronunció uno de sus más audaces y recordados discursos.
Dijo unas palabras que cambiarían la historia de la isla para siempre:

"Esa capacidad de crear, ese sacrificio, esa generosidad de unos hacia otros, esa hermandad que hoy reina en nuestro pueblo, ¡eso es socialismo! (...) ¡Seremos siempre socialistas!, ¡por eso somos marxista-leninistas!, ¡y por eso seremos siempre marxista-leninistas! ¡Y por eso no son los dirigentes, es el pueblo, son las masas las que levantamos la mano y decimos y repetimos que somos y seremos marxista-leninistas!"

En aquel entonces, la televisión cubana mostró cómo la multitud enardecida estallaba en aplausos y gritaba una consigna que era el símbolo del principio de una época: "¡Fidel, Jruschov, estamos con los dos!"

La referencia era a Nikita Jruschov, en ese entonces Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista de la Unión Soviética y Presidente del Consejo de Ministros de la URSS.
"¿No quiere socialismo el imperialismo? ¡Pues bien, le daremos tres tazas de socialismo!", exclamó Fidel aquella tarde habanera.

Castro cerró el discurso gritando dos lemas que lo acompañarían durante décadas: "¡Viva el socialismo! ¡Patria o Muerte!".

Fidel, que originalmente era considerado por los comunistas del occidente como un "aventurero pequeñoburgués", se convertiría en el primer secretario del Partido Comunista de Cuba (PCC) en 1965 y mantendría ese puesto hasta 2011.
La Constitución castrista de 1976 declararía al PCC como la "fuerza dirigente superior de la sociedad y del Estado", es decir el partido único de la isla, y decretaría el carácter "irrevocable" del socialismo cubano.

Con esas premisas ideológicas es que Cuba llegó a ser admirada y condenada en el mundo entero.
Defendida por sus enormes logros sociales, pero rechazada al mismo tiempo por su modelo político unipartidista, los cientos de miles de exiliados y sus presos políticos.
Así fue como Fidel y la isla iniciaron una de las empresas más polémicas y debatidas de los últimos tiempos.

Un emprendimiento sobre el que se seguirá discutiendo apasionadamente durante décadas, una aventura llamada Cuba socialista.

Boris Miranda
BBC Mundo


José María Gimeno Borrás / José María Gimeno Borrás / José María Gimeno Borrás

domingo, 10 de marzo de 2013

Cuba después de Chávez


La parte más compleja de la herencia que dejará Hugo Chávez son las relaciones entre Venezuela y Cuba. Las que hoy existen están montadas desde una extraña subordinación emocional, política e ideológica del líder bolivariano a Fidel Castro y no responden a los intereses o a las preferencias de los venezolanos.
Encuesta tras encuesta, más del 82% de los venezolanos (lo que quiere decir que muchos son chavistas) responden que no desean que en su país se instale un modelo político similar al cubano. Presumiblemente, un porcentaje parecido tampoco está de acuerdo en que se continúe subsidiando con miles de millones de dólares el terco e improductivo colectivismo implantado por los Castro.
¿Por qué Chávez convirtió a Venezuela en el financista a fondo perdido de Cuba? Las razones son varias, pero la más importante es que el teniente coronel encontró en Fidel Castro una suerte de guía espiritual y político que le indicaba lo que tenía que hacer, y cómo y cuándo debía llevarlo a cabo. Fidel era su gurú, su padre moral, su protector contra los peligros que lo acechaban en Venezuela y que en abril del 2002 estuvieron a punto de costarle el poder y la vida.
Fidel, además, lo dotó de una visión compatible con el marxismo y de una épica misión internacionalista que lo clavaría para siempre en la historia: derrotar a Estados Unidos y enterrar el capitalismo. Con la sabiduría de Fidel, enriquecida por tres décadas de aprendizaje de la santa madre soviética, más la impetuosa juventud de Chávez, unida a su caudaloso río de petrodólares, los dos triunfarían en la tarea de salvar al mundo, traidoramente abandonada por la URSS.

¿Cuánto valía para Chávez ese protectorado ideológico, estratégico, policíaco, tan diferente al poco fiable universo de sus propios colaboradores, generalmente corruptos y potencialmente desleales? Valía todo lo que Fidel necesitara y le pidiera. Chávez se entregó al Comandante de pies y manos. Era su única fuente de seguridad.
Llegó un punto en el que ambos líderes, sintonizados en el mismo delirio, planeaban federar ambos países, y hasta crearon una comisión mixta de juristas que comenzaron a estudiar cómo se llevaría a cabo ese proceso. En el trayecto, Chávez, de manera creciente, fue colocándose bajo la autoridad del habilísimo servicio de inteligencia cubano, cuerpo que le proporcionaba informaciones sobre todos los altos oficiales y sobre sus ministros y colaboradores cercanos.
Hoy nadie del entorno de Chávez se atreve a hablar sin temor a los micrófonos de La Habana. La oposición, es cierto, está controlada o vigilada por “los cubanos”, pero el cerco y el humillante acoso a los chavistas es mucho más intenso.
Cuando Chávez desaparezca de la escena, para cualquiera que ocupe Miraflores, incluso si se trata de un chavista, ¿qué sentido tiene prolongar esta relación enfermiza, montada sobre el vasallaje emocional de un líder codependiente que ya no existirá, preocupado por controlar y espiar a su propia clase dirigente? ¿Por qué temerle a una Metrópolis menesterosa que vive de las dádivas de una colonia infinitamente más rica, poderosa y sofisticada?
El politólogo venezolano Aníbal Romero suele afirmar que los esfuerzos internacionalistas del castrismo siempre han terminado por fracasar. Las guerrillas castristas, a veces dirigidas por los propios cubanos, fueron derrotadas en toda América Latina en la década de los sesenta, setenta y ochenta. Apenas triunfaron en Nicaragua, paradójicamente ayudadas por los gobiernos de Venezuela y Costa Rica, pero solo para perder el poder una década más tarde en unos comicios democráticos.
El peruano Velasco Alvarado, el panameño Noriega, el chileno Allende, gobernantes afines a La Habana, fueron desalojados del poder sin que Cuba pudiera evitarlo. Angola y Etiopía hoy tienen regímenes totalmente alejados del modelo comunista originalmente ayudado a implantar con sangre cubana. ¿Quién ha dicho que la influencia castrista puede conservarse en Venezuela tras la muerte de Chávez? ¿Por qué? ¿Para qué? Cuba se especializa en perder. Esa ha sido su historia.

viernes, 23 de noviembre de 2012

140 caracteres




En 1986 es muy probable que Diego Armando Maradona pudiera ser elegido Presidente de Argentina.  Diez años después en el mismo país Gilda se convertiría en Santa. “Gilda sigue viva en algún rincón del infinito, envuelta en su vestido azul y bajo un aura de flores” dicen sus fieles. Recordemos que a Elba Quintana ésta “santa” la curó de un fibroma, justo una semana antes de operarse.

Alfredo  Stroessner a los 36 años se convirtió en el General  más joven de Sudamérica, a los 77 años sería el segundo gobernante con más tiempo en el poder de un país americano. Solo Fidel Castro pudo superarlo. Ambos, de ideologías tan distintas, usaban el mismo método, la famosa “trilogía” de Stroessner. Parecería que es muy sencillo ser reelegido “presidente”  cuando se es candidato único.

Uruguay posee los dos partidos más antiguos de Sudamérica, algo que nos hace similares a los EEUU y al Reino Unido. Sin embargo en los 60 y hoy se puede escuchar el mismo susurro “el fin justifica los medios”. Cambio Val

Declaraciones que hemos comentado antes, de primeras figuras del partido de gobierno, apuntan en esa dirección. Para ser Presidente no es necesario hablar ni vestirse bien. Las investiduras son de “burgueses” como lo era en los años oscuros. Las fuerzas armadas tienen que ser fieles a un “modelo” político como en el Paraguay de Stroessner y la Cuba de Fidel y Raúl Castro. Cambio Varlix

Las mayorías que posee este gobierno en el Parlamento hacen imposible la censura a un Ministro y la búsqueda  de acuerdos está desapareciendo. La oposición parece cada día más estéril. Surgen sectores de “derecha” y de “izquierda” que alientan a no votar a los partidos fundacionales. Uno de cada tres uruguayos no se siente representado por un partido político. Eduardo Maiorano

Pareciera que el dialogo político se ha reducido a 140 caracteres que pasan de un teléfono a otro.

Hace unos meses un legislador me decía: “Hoy lo importante es llegar a la gente  y no tanto el contenido”, al ver mi rostro agregó “lamentablemente”. Oro

¿Será que los gobiernos que fomentan el descreimiento de los políticos y los partidos tienden a parecerse?, independientemente de su ideología. Scapussio Corrupción

Con cariño para Rosario Marcelli