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viernes, 16 de marzo de 2018

Rusia y las potencias occidentales enfrentadas por el ataque en Reino Unido


Los líderes de Estados Unidos, Alemania, Francia y Reino Unido han lanzado este jueves (15 de marzo de 2018) un comunicado conjunto en el que exigen al Kremlin respuestas por el envenenamiento del exespía ruso Serguéi Skripal y su hija con gas nervioso de producción rusa en la localidad británica de Salisbury el pasado 4 de marzo. Los mandatarios aceptan la versión británica de los hechos sobre  que este acontecimiento  constituye “la primera utilización ofensiva de un agente nervioso en Europa desde la Segunda Guerra Mundial” y “un asalto a la soberanía británica”, que “amenaza la seguridad de todos”. En la declaración conjunta, difundida por Downing Street, los cuatro líderes exigen a Rusia que esclarezca las cuestiones relacionadas con la agresión y el programa de producción del gas nervioso utilizado en la misma.

La declaración dice: “Reino Unido ha informado en profundidad a sus aliados de que es altamente probable que Rusia estuviera detrás del ataque”. “Compartimos la evaluación británica de que no hay otra explicación plausible alternativa, y señalamos que la incapacidad de Rusia de responder a la legítima petición del Gobierno británico subraya aún más su responsabilidad”.

Theresa May, Donald Trump, Angela Merkel y Emmanuel Macron exigen a Rusia que “responda a todas las preguntas sobre el ataque”, y que “proporcione información completa sobre el programa Novichok a la Organización sobre la Prohibición de Armas Químicas”.

"Nuestra preocupación es aún mayor en el contexto de un patrón previo de comportamiento irresponsable por parte de Rusia. Pedimos a Rusia que esté a la altura de sus responsabilidades como miembro del Consejo General de la ONU de defender la paz y la seguridad internacional", concluye la declaración.

El poco habitual comunicado conjunto se produce después de una intensa ofensiva diplomática británica. El dedo acusador de Theresa May situaba las relaciones entre Reino Unido y Rusia, ya considerablemente deterioradas, en su nivel más bajo desde la Guerra Fría.

El espía Serguéi Skripal, que continúa ingresado en estado crítico junto a su hija, era un blanco fácil. El hecho de que, en lugar de recurrir a un método más sutil, Skripal y su hija fueran atacados con un arma química de origen ruso, cuya pista era fácil de rastrear hasta el Kremlin, hace pensar al Gobierno británico que el objeto del ataque no era realmente el espía doble —cuyas cuentas con Moscú estaban aparentemente saldadas— sino Reino Unido.

Londres se enfrenta a su mayar desafío diplomático reciente desde una posición de evidente debilidad. El Brexit ha deteriorado inevitablemente los lazos con sus aliados europeos, y quienes esperaban que fortalecería la relación transatlántica se han encontrado con un presidente estadounidense que entona el "America first" y, cuando menos, poco dado a criticar abiertamente a Vladímir Putin. El ataque en Salisbury, con el precedente de la tibia respuesta tras el envenenamiento en Londres de Alexander Lirvinenko en 2006, obliga a May a poner a prueba los límites de la solidaridad colectiva. Y, hasta ahora, está logrando poco menos que un cierre de filas.

La OTAN ha defendido que el ataque químico al espía ruso “debe tener consecuencias”, pero adelanta que su respuesta no será similar a la de Moscú. “La OTAN no reproducirá lo que hace Rusia, tanque frente a tanque, misil frente a misil, dron frente a dron. No queremos una nueva Guerra Fría ni una carrera armamentística, que no puede traer ganadores”, ha advertido este jueves el secretario general de la organización, Jens Stoltenberg. La Alianza ha ofrecido ayuda militar a Londres, aunque de momento sus autoridades no la han reclamado.

Lo ocurrido en Salisbury, según Stoltenberg, es “inaceptable; no tiene cabida en un mundo civilizado y viola las reglas internacionales”. Para aclararlo, ha exigido a Moscú que responda a las preguntas planteadas por Reino Unido, cuyo ministro de Exteriores, Boris Johnson, se reunirá el próximo lunes con el jefe de la Alianza en Bruselas. Stoltenber ha recordado que Rusia lleva varios años inmersa en tácticas de guerra híbrida y ha querido lanzarle un mensaje: “Estamos preparados para defendernos en cualquier dominio, también cibernético”.

Para Estados Unidos no hay duda de quién es el culpable del envenenamiento. Pero la respuesta de su presidente ha adoptado un perfil bajo. Dio su apoyo por teléfono a May, exigió respuestas inequívocas a Moscú y poco más. A diferencia de sus embestidas a otros líderes, desde Kim Jong-un a Angela Merkel, este silencio de Donald Trump sobre Vladímir Putin no ha dejado de levantar suspicacias y alimentar la sospecha, sin prueba, de que entre ambos mandatarios se ha establecido un vínculo que supera la formalidad institucional. Es lo que investiga el fiscal especial de la trama rusa, Robert Mueller, y lo que denuncian los demócratas.

Silenciado el presidente, el paladín de las críticas a Moscú era el recién destituido secretario de Estado, Rex Tillerson. Aunque como antiguo presidente de Exxon, con numerosos negocios en Rusia, al principio del mandato hubo dudas sobre su independencia, Tillerson pronto dejó clara su línea de acción al considerar a Rusia un factor de desestabilización. Así lo repitió en su histórico discurso de despedida, cuando humillado por el presidente, lanzó contra el Kremlin la única crítica de su alocución y advirtió de su “problemática conducta”.

Son palabras con las que coincide la práctica totalidad del gabinete. La secretaria de Prensa, Sarah Huckabee, ha señalado que Rusia se comporta “haciendo caso omiso al orden internacional, socava la soberanía y la seguridad de los países del todo el mundo e intenta subvertir y desacreditar las instituciones y los procesos democráticos occidentales". "No hallamos ningún placer en criticar constantemente a Rusia, pero necesitamos que deje de darnos tantas razones para hacerlo", afirmó la embajadora de EEUU en la ONU, Nikki Haley, durante el Consejo de Seguridad celebrado el miércoles.

Poco antes de la publicación del comunicado de los cuatro líderes, Francia había anunciado que prepara medidas de respuesta al ataque, según adelantó el presidente, Emmanuel Macron. “En los próximos días anunciaré las medidas que vamos a tomar”, dijo durante un viaje al centro de Francia. Este jueves, en la inauguración del Salón del Libro de París, Macron ha indicado que no asistirá al pabellón ruso. Será su primera medida de protesta, según indicaron fuentes del Eliseo a Efe.

Macron condenó el ataque, recordó el compromiso de su país en la lucha contra el uso de armas químicas y garantizó la “plena solidaridad” de Francia con Reino Unido. El viernes debería tratar el asunto con la canciller alemana Angela Merkel, que visita París tras ser reelegida en el cargo.

El caso pone a prueba la unidad europea en un momento en que Reino Unido negocia su salida de la UE y en el que la Rusia de Vladímir Putin se ve acusada —entre otros, por Macron— de interferencias en asuntos internos y procesos electorales.

El ministro de Asuntos Exteriores británico, Boris Johnson, por su parte, ha asegurado a la BBC que la policía podría actuar contra millonarios rusos asentados en Reino Unido que deben su fortuna a sus vínculos con el presidente ruso, Vladímir Putin, en represalia por el ataque a Skripal y su hija. Johnson ha dicho además que la Agencia Nacional del Crimen y la Unidad de Delitos Económicos está investigando a una amplia serie de personas, aunque no ha querido dar identidades por motivos legales.

Su Canciller ruso, Serguéi Lavrov, ha prometido este jueves una respuesta a la expulsión de los 23 diplomáticos rusos: "La respuesta será muy pronto, se lo aseguro", dijo al contestar una pregunta de la prensa en los pasillos del foro Rusia, un país de oportunidades. Explicó que antes de hacer públicas las medidas de represalia Moscú informará de ellas a Londres. "Entenderéis que, como personas corteses que somos, primero informaremos de la respuesta a nuestros colegas británicos", agregó. El medio ruso RT ha informado de que esas medidas incluirían la expulsión de diplomáticos británicos.

Lavrov ha manifestado además este jueves que espera la pronta recuperación de Skripal para que ofrezca su versión y que detrás de su envenenamiento podría estar el intento de complicar la celebración del Mundial de fútbol, que se celebra el próximo verano en la capital rusa.

Moscú, a través de la portavoz de Exteriores, María Zajárova, ha vuelto a hacer un llamamiento a Londres a "presentar todos los materiales existentes relativos al incidente que, según ellos, está vinculado al uso de armas químicas en territorio de Gran Bretaña". En rueda de prensa, señaló que Londres se ha negado a proporcionar a Moscú información sobre el caso, así como muestras de "la sustancia química hallada en la escena del crimen". "Hemos remitido al Foreign Office a través de la Embajada rusa en Gran Bretaña varias notas diplomáticas con el fin de iniciar un diálogo activo con Londres, pero solo recibimos como respuesta notas formales sin sentido", afirmó.

martes, 3 de enero de 2012

Francia reclama a los socios de la UE un embargo petrolero a Irán

La Unión Europea se dio de plazo hasta el próximo día 30 para imponer sanciones serias a Irán, incluido el embargo a sus exportaciones de petróleo, y la impaciencia por actuar ya empieza a hacerse notar en algunas capitales, en particular París, que da por hecho que la República Islámica mantiene su velocidad de crucero hacia el arma nuclear. Bruselas está a la expectativa de lo que decidan los Gobiernos de los Veintisiete, mientras se reactiva el eterno juego negociador del ratón y el gato entre Teherán y la Unión. La República Islámica ha pedido a Catherine Ashton que fije el lugar y fecha para una nueva reunión y la coordinadora de la política exterior comunitaria replica que antes debe probar Teherán su voluntad de llegar a un acuerdo sobre su programa nuclear.
El Consejo Europeo de hace un mes reiteró su inquietud ante la evolución del programa nuclear iraní a la luz de los indicios creíbles su orientación militar, entrevistos por el Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA), y avaló la decisión de los ministros de Exteriores comunitarios de ver cómo imponer el próximo día 30 “nuevas sanciones que puedan afectar fuertemente a los sectores financiero, de transportes y energético” de Irán, conjunto de palabras que se resumen, esencialmente, en boicotear las exportaciones iraníes de crudo.
Teherán ha advertido que o todos o ninguno y que si a la República Islámica no se le deja exportar tampoco lo harán los demás países de la zona porque cerrará el estrecho de Ormuz, por donde circula el 40% del crudo mundial.
Estados Unidos se ha tomado en serio el pulso y en el lado europeo Francia ha sido la primera en pedir acción a los socios comunitarios. París “quiere sanciones más duras y el presidente ya ha hecho dos propuestas en ese sentido: la primera, congelar los bienes del banco central iraní, y la segunda, imponer un embargo a las exportaciones del petróleo iraní”, ha declarado esta mañana el ministro francés de Asuntos Exteriores, Alain Juppé. A finales de noviembre, París dejó escapar un comunicado en que hablaba de que las sanciones petrolíferas serían impuestas “a escala nacional” por los europeos. La declaración fue retirada enseguida, pero reveló el ansia francesa por actuar de una vez.
En los pasillos de Bruselas se analizan las consecuencia de tales medidas y el cómo llegar a aplicarlas si así lo deciden los ministros en su reunión de finales de mes. Pero de momento prima el juego puramente diplomático de la negociación, que en los últimos meses ha dado lugar a diversas intervenciones de Ashton, carta incluida en octubre, reclamando respuestas iraníes. Hace ya un año que Irán y los negociadores de la comunidad internacional (los cinco miembros permanente del Consejo de Seguridad más Alemania, coordinados todos por Ashton) no se sientan en la misma mesa.
Ashton todavía está pendiente de recibir la respuesta iraní y sólo tiene noticias desde Teherán, conforme a la intervención de hoy de un portavoz iraní, de que la República Islámica se dice a la espera de que la Alta Representante fije fecha y lugar para una nueva reunión. Un portavoz de Ashton replica que antes deberán los iraníes responder a la carta en que se les reclamaba que probaran fehacientemente que quieren responder a las inquietudes que suscita su programa nuclear. “Primero que respondan la carta y luego ya veremos”, ha manifestado el portavoz de Ashton. “Estamos dispuestos a negociar en serio, pero sin condiciones previas”.
Es decir, que la UE mantiene su doble enfoque ante Irán: mano tendida a la negociación y sempiterna amenaza de tomar medidas de represalia. Las adoptadas a lo largo de los años (sanciones financieras, congelación de haberes y veto a determinados responsables del régimen) no parecen haber hecho mella en Teherán. De ahí, la decisión de recurrir al embargo petrolero.
En su reunión del pasado 1 de diciembre los ministro de Exteriores comunitarios trataron el asunto sin llegar a ningún acuerdo por los problemas que tal acuerdo supondría para algunos socios (Grecia recibe crudo iraní con pago aplazado; España, Italia y Bélgica son también clientes importantes) y se optó por analizar y madurar el caso con vistas a la reunión del día 30 de enero. La UE en su conjunto apenas importa desde Irán el 6% del petróleo que consume. Más que ese relativamente bajo consumo propio lo que ahora ha introducido un nuevo y grave elemento a considerar por la diplomacia europea es la amenaza iraní de cerrar Ormuz.

Fuente: EFE